Por Arkaitz Galindez del  OS2O Trail Team 2018 

Después del intento fallido de la Ehunmilakhabía una prueba marcada en rojo en el calendario: la Bocineros Deiadar Xtrem. En particular, en la distancia de 200km, ya que junto a ella se disputaban una de 105km y una tercera de 45km. Ésta ultra de 200km surge de la idea de unir los cinco montes Bocineros que se sitúan en el territorio de Bizkaia, los cuales son: Sollube (684m), Kolitza (883m), Ganekogorta (999m), Gorbeia (1482m) y Oiz (1026m). Su nombre como Bocineros vienen porque desde sus las cumbres se convocaba a Juntas Generales del Señorío de Bizkaia mediante señales sonoras (cuernos) y luminosas (fogatas) en la Edad Media.

Perfil de la prueba

Una vez supe que el Trail Sport 52 Mendi Kluba organizaría esta carrera, no dudé en inscribirme. Y es que el recorrer gran parte de Bizkaia con esos 200km y casi 11000m de desnivel positivo, hacían de ella una aventura a la cual no podía faltar. Así, el viernes 14 de septiembre nos plantábamos en Gernika, lugar donde tendrían lugar la salida y la llegada. Eso siempre y cuando finalmente conseguíamos cruzar la meta de semejante hazaña.

Personalmente, llego a Gernika con los deberes hechos y sabiendo que estoy bien tanto físicamente como mentalmente. Sin embargo, he de reconocer que la semana se me hizo muy larga esperando al día de la carrera, ya que el reto el cual iba a afrontar, me generaba como mínimo, respeto. De forma puntual y como estaba previsto, a las 10am de la mañana y nada más se termina el Aurresku que nos bailan, alrededor de 100 valientes damos comienzo a la mayor aventura deportiva que hasta la fecha, había afrontado en mi vida.

Salida, Arkaitz con los Ultra 2-in-1 y la Ultra Lite

En mi cabeza, un solo objetivo: estar el sábado por la tarde cruzando la línea de meta de la mano de mi hija Iraia. Uno de los motivos, por el cual sabía que en los momentos de flojera (que los iba a haber), me daría un empujón suficiente para no ceder en el empeño de lograr superar esos 200km.

Comienzo bien, con un ritmo cómodo que creo que puede ser el adecuado recorrer los primeros Km. Así, me coloco primero y corono el primero de los montes Bocineros, el  Sollube (km 13). Los cuernos se escuchan en lo alto de la cima, un sonido que escucharíamos durante todo el recorrido en las cimas Bocineras restantes.

Una de las cosas más importantes en estas pruebas es ir marcándote objetivos a corto plazo. En mi caso, el primero estaba Bilbao (Km 44), una zona conocida para mí ya que suele ser donde entreno entre semana. Además, tenía el aliciente de que Saioa, Iraia, mis suegros y mis padres estarían esperándome en el avituallamiento, y eso me motivaba mucho.

Los kilómetros antes de llegar a ese avituallamiento, el cual se situaba concretamente en las afueras del campo de San Mames, se hacían pasando por el museo Gugenheim de Bilbao. Algo singular para ser el recorrido de una ultra, pero el cual tenía su encanto.

Llegando al avituallamiento del Bilbao

Muchos eran los turistas que nos miraban con asombro al vernos correr con dorsal a la cintura mientras se preguntaban de donde habíamos salido. Así, en la misma posición en la que coronaba Sollube, llegaba pasadas las 4 horas y media de carrera a Bilbao. Una pasada ver a mi familia y compañeros de trabajo animándome mientras me acercaba al avituallamiento. Unas palabras con todos ellos, abrazos, besos y nos disponíamos a adentrarnos en la parte más montañera de la prueba, ya que hasta Bilbao, discurría gran parte del recorrido por bosques, pistas y bastante cemento.

Una vez abandonada la zona de Bilbao y sus alrededores, teníamos una subida corta pero con mucha pendiente en la cual, al mirar atrás veo a Juan, el que a la postre sería el ganador de la prueba. Fueron de los peores momentos que tuve en carrera. El calor, junto con una subida exigente el momento en que Juan me pasaba con bastante facilidad, convirtieron esos momentos en algo infernal. Sin embargo, ya sabía donde estaba y era consciente de que estos momentos podían llegar tarde o temprano. Y así pasaban los kilómetros, las horas y las cimas que coronábamos. Pasado estos momentos duros, llegó el momento que en mi casó marcó esta aventura. La llegada al avituallamiento de Avellaneda (Km 70).

Llegada al avituallamiento de Avellaneda (Km 70). Arkaitz sustituyó la Ultra Lite por la Fastlite

Llevo nueve horas de carrera (son las 19:00 de la tarde y en breve se hará de noche) y me informan de que Arkaitz Iturriagaetxebarria está a unos 5-7 minutos desde hace tiempo y que esa distancia no estaba variando mucho durante bastantes kilómetros. Es decir, llevábamos tiempo corriendo a la misma velocidad. Visto esto, decido salir del avituallamiento dirección al Kolitza (segundo monte bocinero), con la intención de dejarme coger por Arkaitz y así pasar la noche juntos, ya que si no la noche podría hacerse muy larga.

Pocos metros eran los que faltaban para llegar al Kolitza cuando al mirar para atrás veo a Arkaitz. Fue como una aparición para mí. El poder pasar la noche con Arkaitz sabía que lo haría todo mucho más llevadero. Alguien con el que poder hablar y dos frontales alumbran más que uno así que la cosa pintaba bien, o al menos, mejor. Decir que Arkaitz y yo (casualidad los dos con el mismo nombre) coincidimos juntos en Ehunmilak y hasta la neutralización en Azpeitia fuimos prácticamente juntos, por lo que para mí no era un desconocido.

Juntos descendimos el Kolitza camino a la primera base de vida, km 90 en Balmaseda en donde Saioa estaría esperándome para ayudarme. Aquí, aprovecho para cambiarme de zapatillas, ropa y comer algo de pasta, dos platos de macarrones en mi caso, y así cargar bien los depósitos de hidratos. La noche se aventuraba larga. 

Base de vida. Reponiendo fuerzas. Calcetines Endure de OS2O

Una vez salimos de Balmaseda venían kilómetros con bastante desnivel positivo, pero una de las subidas que más me marcó, fue la subida que venía después del avituallamiento de Sodupe (km 106). Una subida de 1000m+, que se realizaba para coronar el Gallarraga, y todo este desnivel en apenas 4 kilómetros. Es decir, un kilómetro vertical en toda regla con más de 100km en las piernas y faltando casi la mitad del recorrido. ¡Casi nada!

Uno de tantos momentos que tengo guardado es el de Aitor, un amigo del trabajo que con su perro estaba a las cuatro de la mañana en la punta del Ganekogorta, tercer monte Bocinero que se coronaba (km 110), justo después de haber realizado el kilómetro vertical de subida al Galarraga. Estas cosas son las que a uno le ponen los pelos de punta en carrera y te aportan más energía que cualquier gel que puedas llegarte a tomar. Poco a poco, íbamos robándole segundos, minutos y horas a una preciosa noche estrellada, en la cual, a pesar del cansancio pudimos disfrutar.

Sobre las 8 am de la mañana la luz va haciéndose paso y es como un renacer. Nos vamos motivando pese a la paliza que nuestro cuerpo lleva encima, y es que llevamos alrededor de 24 horas de carrera y todavía quedaban unos cuantos kilómetros que recorrer, metros de desnivel que solventar y horas por pasar.

La primera intención que tuvimos Arkaitz y yo era la de pasar la noche juntos y que con el amanecer ya se vería pero la noche pasó y las sensaciones que teníamos los dos eran casi idénticas. Ritmos parecidos que nos costaba bajar por el dolor de piernas que teníamos. Por la misma razón, en llano éramos casi incapaces de trotar y muchos tramos tuvimos que hacerlos a paso ligero. De hecho en llano y en las bajadas era donde los primeros dos clasificados más tiempo nos sacaron ya que donde más cómodos nos sentíamos era subiendo.

A eso de las 11:30am de la mañana del sábado, es decir, después de 25 horas de carrera, coronábamos el cuarto monte Bocinero, Gorbea, emblemática cima que nos daba la bienvenida con una mañana impresiónate. Temperatura agradable y cielo despejado para disfrutar del Parque Natural del Gorbea como bien se merecía. Junto a ello, mucha gente animándonos. La hora y el día eran propicias para disfrutar de una agradable mañana montañera.

Junto a Arkaitz, corriendo por el Parque Natural de Gorbea

Iniciamos el duro descenso para nuestras maltrechas piernas y poco a poco seguíamos sumando kilómetros. Casi sin querer llegamos a Saibi, pequeña cima que se sitúa justo encima de Urkiola, donde estaba la segunda base de vida. Aquí llego uno de los mejores momentos de la carrera. Amigos de Markina se habían acercado a Urkiola para hacerme un recibimiento que bien merecía una mención. Las más canijas, entre ellas mi hija, con pancartas animando fue….una autentica pasada. ¡¡¡¡¡¡Gracias!!!!!!

Segunda base de vida, esta vez con los pantalones Air Lite

Cambiarnos de ropa, comer pasta, hablar un poco, unas risas y sin perder mucho más tiempo, Arkaitz y yo cogimos rumbo al Oiz, última cima Bocinera y también la última de la aventura. Procuramos en los avituallamientos perder el menor tiempo de posible ya que el corredor que teníamos siguiéndonos, lo hacía muy de cerca.

Sobre las 18.30 pm de la tarde cerrábamos el circulo de los montes Bocineros coronando el Oiz y con la sensación de que ya lo teníamos hecho aunque a falta de 16km (llevábamos 184 kilómetros), no queríamos perder la oportunidad de hacernos con ese tercer puesto que llevábamos cocinando desde mucho tiempo atrás.

Últimos 15 km, vamos!!!

Apretando en la última bajada para evitar sorpresas de última hora, a las 20:30pm de la tarde Arkaitz y yo cruzábamos la tan ansiada meta con la que casi 35 horas antes soñábamos. Así que el sueño y objetivo del día anterior se cumplían, y de la mano de mi hija y el gran acompañante de semejante aventura cerrábamos juntos los 200km y casi 11000m de desnivel positivo.

Tercer puesto

Arkaitz, un grandísimo acompañante con el cual compartí muchos momentos y que se ha convertido en un amigo. Sin duda, un gran premio como colofón a la aventura. A buen seguro, el futuro nos seguirá deparando muchos montes en los que juntos seguiremos disfrutando.